Calendario de amantes y sombras

Hay en este Calendario de amantes y sombras un sesgo de buena literatura que interesa más en cuanto te adentras en ese mundo cerrado y obsesivo que Nacho Albert va ofreciendo al lector como un esquiador en el monte de Venus de una joven primeriza, o enigmática, o de oscuro pasado pero siempre melancólica y sublime.

Hay en este Calendario de amantes y sombras unas fechas significativas que enmarcan las historias como si fuera una exigencia, la exigencia del narrador que a mí personalmente me seduce, que aparte de manejar el lenguaje, de cerrarlo, de no dejar huecos, de saber deslizarse en la corriente alterna, en la economía del verbo y del adjetivo, también subyuga porque atrapa al lector. Debo confesar que la prosa de Albert es magnética y el lector no puede abandonar la lectura.

Surgen de este Calendario de amantes y sombras, entre otros personajes, un equilibrista que cae desde las alturas, “y la muerte, siempre tan irreductible y tan puta –citando textualmente-, tuvo la desvergüenza de separar a los enamorados antes de que la vida tuviera una sola oportunidad de unirlos”; o un exquisito diplomático que asesina gratuitamente a un travesti; o un colaborador de oenege que hace el amor con una parca agitanada; o un tal Pedro que pesca a Adis pescando, de alguna manera, la metáfora del sida; o un pulcro organista que abandona su arte por las putas y se convierte en un piano man; o un hombre solitario que arrastrado por la mitomanía del cinematógrafo acaba masturbado por una nínfula nabokoviana; o un guitarrista que se merienda las uñas en un banquete casi coprófago de versos, naturaleza y música; o un narciso marcado por el amor en forma de espinilla adolescente; o también gordas o bailarinas o un ratón de biblioteca que hubiera soñado Alfred Jarry.

Quiero ser breve, pero no tanto. Quiero señalar los relatos de Nacho Albert como llamativos, exuberantes, de una deliciosa carnalidad, carnalidad atrevida, estilemática, constante llamada del Eros al ritmo del acabamiento de la muerte. Sexo y muerte como los mejores boxeadores en el que saben va a ser su último round. O como el que, desde la perspectiva mística, busca sin hallar hallando en palabras de San Juan de la Cruz. Precisamente por este motivo saludo a Nacho Albert como un nuevo narrador a tener en cuenta en el panorama de las letras, donde hay tanto que hurgar y que decir y que seleccionar, después de todo.

Además, y para terminar, en este Calendario de amantes y sombras hay apuntes de la transgresión literaria surrealista, un mundo que despega hacia otros mundos, la expresión desmesurada que grita hacia el vacío.

Alfredo Taján
-Director del Instituto Municipal del Libro de Málaga-