Clara en el espejo y nueve instantaneas

El cuento es un campo de batalla, un lugar en el que la sorpresa del tipo que fuere tiene su asiento con preferencia sobre los otros factores que en él confluyen. El cuento es una propuesta apasionante y Nacho Albert Bordallo se lanza al torbellino de la vida en el juego especular de Clara con el mundo, de la imaginación con la única realidad posible, la del texto.

Luchar con el lenguaje, buscar el camino del estilo es una obligación del autor. No se huye de la tensión que la propia búsqueda impone, ni mucho menos, por el contrario, la exigencia estilística es un imperativo en estas páginas tan elaboradas. Un volumen con profundo significado simbólico, un volumen que acoge el humor, la ironía y la agilidad del pensamiento, un placer en el sentido más amplio.

(Antonio Garrido Moraga)

El escaparate del mundo

El mundo literario de Nacho Albert Bordallo está creado con instantáneas. Imágenes ágiles, a veces desenfocadas, como las imágenes que, a menudo, percibimos del mundo que nos rodea. Imágenes que recuerdan el plano general de un largometraje, donde lo importante sucede en todos y cada uno de los sucesivos planos que se presentan al espectador. El ojo del cámara, la mirada de Bordallo, podría ser la del «astronauta» en paro que ha caído en una sociedad que trata de interpretar pero no consigue comprender. Un astronauta que pasea por una avenida llena de escaparates donde se exponen los distintos modelos culturales y sociales entre los cuales vivimos. Lo que nos muestra Nacho Albert Bordallo es «un escaparate del mundo». La prosa fluye en aluvión, arrastra todo lo que encuentra a su paso. Desde Schopenhauer a Benetton, el pensamiento y la moda, las ideas, las visiones, los sueños. Porque el narrador de estos cuentos que vamos a leer es «un hombre que pierde el tiempo caminando» y dedicándose a sacar instantáneas de la vida y la muerte.

Los cuentos de Bordallo podrían compararse a un campo de golf, donde el jugador, el escritor en este caso, golpea fuerte con el club la pelota de salida, para luego proseguir con golpes leves y precisos. No le interesa ganar, ni llegar lo antes posible al último hoyo, no tiene prisa, prefiere pasear e ir viendo aquello que le rodea, le gusta caminar al aire libre, mientras los jugadores compiten a su lado, se esfuerzan y, al final, siempre, irremediablemente, caen derrotados. Se parece al bateador de béisbol que lanza la pelota con violencia lo más lejos posible y después recorre las bases. Los cuentos de Bordallo se componen de una serie de bases donde se asienta la narración. Los jugadores, los personajes del relato, «ponen toda la carne en el asador», aun a sabiendas de que la vida es una «guerra que perdemos paulatinamente». Los personajes, el narrador es el personaje principal, defienden la autoestima, la autocrítica y la ironía para enfrentarse a un lector estricto. Bordallo es un nadador de fondo que mete la cabeza bajo el agua y contempla el mundo submarino, lo que se esconde en el fondo del ser humano.

Cuando la película acaba. Cuando el fotógrafo deja de tirar fotos. Cuando el partido finaliza. Cuando los cuentos terminan y llega la noche y se baja la persiana del escaparate, suelen acosarnos las mismas dudas. Bordallo o los personajes de Bordallo no son una excepción: «Que quién soy yo. Y quienes sois vosotros. Qué más da estricto lector.»

José Antonio Garriga Vela